Es inevitable que a lo largo de nuestras vidas nos encontremos con problemas en distintos ámbitos. Ya sea en el ámbito laboral, familiar, económico, legal, etc. Nuestra forma de reaccionar ante esos problemas es un gran predictor de si los superaremos con éxito o no.

El afrontamiento es una capacidad que nos permite mantener la cabeza fría y realizar una gestión eficaz de nuestras emociones ante una determinada situación dolorosa o problema, todo ello con el objetivo de encontrar una solución adaptativa y alineada con nuestros intereses.

 

¿Qué son las estrategias de afrontamiento?

Las estrategias de afrontamiento son una forma de reaccionar y de comportarnos ante situaciones problemáticas y que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestras vidas. El objetivo de las estrategias de afrontamiento es protegernos del dolor y encontrar una solución a nuestros problemas.

El aprendizaje de estas estrategias surge en nuestra infancia y suelen ser complicadas de cambiar. Lo que en un primer momento nos ayudó a afrontar una determinada situación, con el paso del tiempo, y a fuerza de reaccionar de la misma manera, puede convertirse en un rasgo estable de nuestra personalidad que pueda llegar a convertirse en un lastre. Por esta razón, cuando estas estrategias no son adaptativas pueden llegar a magnificar el problema en lugar de resolverlo.

 

Principales estrategias de afrontamiento 

A nivel general podemos decir que existen 3 tipos de estrategias de afrontamiento, las estrategias centradas en el problema, las estrategias centradas en las emociones y las estrategias basadas en la evitación:

 

Estrategias centradas en el problema

Este tipo de estrategias se enfocan en encontrar una solución al problema o situación. La persona percibe el estrés como controlable y manejable. Por tanto, sus esfuerzos se encaminan a encontrar una solución objetiva al problema.

Entre las estrategias más utilizadas por las personas encontramos: buscar información sobre el problema, evaluar distintas posibles soluciones y decidir cuál de ellas es la mejor, crear una estructuración de los pasos necesarios para resolver un determinado problema, buscar apoyo y ayuda externa, etc.

 

Estrategias centradas en las emociones

En este caso el estrés desborda a la persona, ya sea porque no ha sido capaz de gestionarlo de forma correcta o simplemente porque el problema escapa a su control y no está en su mano encontrar una solución. En este caso una buena solución es centrarse en las emociones y tratar de gestionarlas mediante la relajación.

Cuando no se puede cambiar una determinada situación, la mejor solución es cambiar nuestra forma de reaccionar a ella.

Entre los ejemplos de este tipo de estrategias podemos encontrar el recurrir a amistades o familiares que actúen como apoyo emocional en un momento determinado, buscar el lado positivo del problema, aceptarlo, o realizar ejercicios de relajación con la ayuda de diversas técnicas.

 

Estrategias basadas en la evitación

Este tipo de estrategias suelen ser las menos adaptativas y las que pueden generar otra serie de problemas añadidos al primero. Aquí encontramos todas las estrategias que buscan distanciarse del problema, evitarlo, posponerlo o centrarse en otra actividad para no pensar.

Pongamos como ejemplo a una persona que cada vez que tiene un problema en el trabajo necesita tomarse un par de copas antes de llegar a casa. Con el tiempo esta persona puede desarrollar un problema de alcoholismo. Lo mismo ocurre cuando una persona se enfrenta al estrés o a la ansiedad comiendo en exceso, consumiendo drogas o fumando más de la cuenta.

Otro ejemplo podemos encontrarlo en alguien cuyos padres no dedicaban la atención suficiente y aprendió a distanciarse emocionalmente para no sufrir. Es posible que con el paso del tiempo esta persona se distancie y reaccione de manera fría ante cualquier problema en las relaciones interpersonales.

 

¿Qué tipo de estrategias de afrontamiento son más útiles?

Aquí realmente lo importante es disponer de cierta flexibilidad psicológica que nos permita utilizar unas estrategias u otras dependiendo de la situación. Algunas estrategias pueden ser útiles ante determinadas situaciones y no serlo en otras.

Por ejemplo, una estategia centrada en el problema puede ser muy útil en el caso de que tu empresa no esté facturando lo suficiente y tengas que encontrar nuevas fuentes de ingresos. Por el contrario si has tenido la desgracia de sufrir la muerte inesperada de un familiar, de poco te va a servir dedicar tiempo a pensar qué podrías haber hecho para evitar el fallecimiento. Aquí tendrá más sentido emplear estrategias centradas en la emoción, como buscar apoyo, aceptar que no volveremos a ver a esa persona, etc.

Es posible dejar de lado las estrategias de afrontamiento que te han acompañado durante toda la vida, especialmente si te están generando más problemas en lugar de resolverlos. La terapia psicológica puede ayudarte a aprender nuevas formas de afrontamiento más adaptativas ante tus problemas o situaciones dolorosas.