Las emociones son respuestas a diferentes estímulos que implican tres componentes básicos: una experiencia subjetiva, una respuesta fisiológica y una respuesta conductual.

De forma general entendemos que las emociones negativas son aquellas que producen cierto malestar psicológico o desagrado, además tener la capacidad de reducir tu autoestima y confianza propia. Las emociones negativas más conocidas son la ira, el miedo, la tristeza o el asco.

Aún así es necesario puntualizar que las emociones en su forma pura no son “malas” o “negativas” ya que cualquiera de ellas cumple una función adaptativa que nos ha permitido sobrevivir como especie y hacer frente a las adversidades. La clasificación de “buenas” y “malas” puede ayudarnos a entenderlas de una forma didáctica pero al mismo tiempo también pueden llegar a crear confusiones y malentendidos. Todas las emociones tienen un cometido y es necesario transitarlas, independientemente de cuál sea su valencia (positiva o negativa).

En el caso de las emociones negativas, suelen desencadenar una activación fisiológica desagradable en nuestro cuerpo que nos lleva a actuar de una determinada forma con el objetivo de poner fin a dicha sensación pero al mismo tiempo también nos ayuda a evitar una amenaza. Por ejemplo, si vas caminando tranquilamente por la calle y de repente te encuentras con un perro que viene hacia ti ladrando, automáticamente se desencadenará una emoción de miedo que te activará para huir y evitar que te alcance.

No lo olvides: las emociones no son buenas ni malas, simplemente generan una serie de sensaciones (agradables o desagradables) en tu organismo. Lo único negativo de las emociones es que las guardes en tu interior y no dejes que se expresen.

 

Las 4 emociones negativas más estudiadas

Las emociones negativas más conocidas son la ira, el miedo, la tristeza y el asco. Estas emociones reciben el nombre de emociones negativas básicas porque son puras en sí mismas y no son una combinación de otras emociones.

Si profundizamos un poco más encontramos las emociones negativas secundarias que son una combinación de dos o más emociones negativas básicas. Entre estas emociones secundarias encontramos la soledad, la culpabilidad, la indiferencia, la apatía, la furia, el agobio, la preocupación, la pena, los celos, etc. Se cree que existen alrededor de una treintena de emociones negativas secundarias.

Una vez hecha esta puntualización vamos a pasar a ver las emociones negativas básicas:

 

Ira

La ira o la agresividad puede suceder como consecuencia de muchos motivos, cuando nos frustramos, cuando presenciamos una injusticia, cuando se limita nuestra libertad, cuando sentimos que nos ofenden.

Los cambios físicos y fisiológicos que acompañan a la ira son muy perceptibles ya que incluyen el acaloramiento y enrojecimiento facial, sudoración, tensión de los músculos e incremento del ritmo cardíaco.

En ocasiones la ira puede confundirse con hostilidad pero hay una pequeña diferencia entre ambos términos:

  • La ira se refiere a un estado emocional caracterizado por sentimientos de enfado de intensidad variable.
  • La hostilidad hace referencia a una actitud persistente de valoración negativa de y hacia los demás.

 

Tristeza

La tristeza es otra emoción negativa que también cumple una función adaptativa esencial ya que permite que las personas de nuestro entorno sepan que estamos afligidos por algún motivo y nos ofrezcan su ayuda o su apoyo.

La tristeza, por lo general, es un estado que se mantiene de forma más prolongada que el miedo. Esto es así porque probablemente se requiere más tiempo para habituarse a una pérdida que se ha sufrido frente a readaptarse a la normalidad tras atravesar una situación de peligro.

 

Miedo

El miedo es probablemente la emoción que más buscamos evitar y al mismo tiempo es la que más nos protege. Precisamente este afán por evitar el miedo es el germen de numerosos trastornos de ansiedad alimentados precisamente por la evitación de aquello que se teme. 

 

Asco

El asco normalmente está asociado a alimentos en mal estado o a algunos insectos (cucarachas, arañas) o animales (serpientes, ratas). Como puedes imaginarte también se trata de una emoción muy útil para nuestra supervivencia ya que nos hace alejarnos de aquello que potencialmente puede ser peligroso para nuestra salud.

Como comentábamos anteriormente, querer superar de forma rápida las emociones negativas puede ser contraproducente y hacer que se enquisten. Es importante escucharlas y aceptarlas para que acaben extinguiéndose de forma natural y adaptativa.